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Mostrando las entradas con la etiqueta cuento de terror

Horror night

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English Cuando la noche se hizo obscura, la criatura salió. No tenía ojos, pero veía. No tenía pulmones, pero podías escucharla respirar. Yo estaba aferrado a la esquina de la cama. Sabía que la criatura esperaba mi sueño. Y su corazón era mi desvelo. Cada noche. Escuchaba los latidos zumbar bajo mi cama. A veces, cuando el sueño terminaba por vencerme, despertaba y la sábana estaba en el suelo, desgarrada. Cada día era más aterrador que el anterior. El miedo me carcomía. Sin poder hacer nada. Nadie me creía, nadie nunca me creyó lo que pasó aquella aterradora y esquizofrénica noche. La lluvia no cesaba. La luz de los rayos alumbraba mi habitación por segundos. Estaba todo obscuro, excepto por los escasos segundos.   Una vez más sentí los latidos bajo la cama. Los corazones latían a la par. El mío de miedo, el de él de ansias. Sentía que algo se agazapaba bajo mi cama. Se alistaba para atacar. Yo, lleno de miedo, me enroscaba en la esquina, lejos de la orilla de la cama. Poco a

Los tres cerditos: una historia de terror / The Three Little Pigs: A Terror Story

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English Había una vez tres cerditos asustadizos.   Siempre se pasaban temerosos de que el lobo que los rondaba se los comiera. Por eso decidieron construir las típicas tres casas. Uno la hizo de paja, el segundo de madera y el tercero de ladrillos. Como era de esperarse, cuando el lobo sopló, las primeras dos casas se vinieron abajo y los cerditos tuvieron que refugiarse en la casa de ladrillo. El lobo se cansó de soplar, y sin poder derrumbar la casa, se alejó. Pero como todos sabemos, aquel que se aleja, no está necesariamente ausente. El lobo era muy listo y sabía que el destino de los cerdos estaba sellado, no por ser tontos, sino por ser cerdos. Sabiendo esto el lobo se mantuvo rondando la casa de ladrillo, y agazapado en la espesura del bosque, aguardaba que los cerditos tuvieran que salir. Al poco tiempo el momento esperado llegó. Fue una tarde de luna llena. Los cerditos necesitaban que comer y buscaron algunos alimentos en los alrededores, cerca de la casa, sin alejars

La curiosidad mató al gato / Curiosity killed the cat

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English El haber nacido sin brazos no fue un límite para él. José Gabriel era digno de admirar, todos lo admiraban, como si él necesitara ser admirado más que otros. Su condición era congénita. De pequeño no causaba admiración, solo pena. La lástima se amontonaba en cúmulos grandes de buenos deseos y palabras de aliento. Pero José Gabriel respiraba por sí solo. A los 5 años había aprendido a escribir sujetando el lápiz con los pies. No lo pude creer la primera vez que lo vi, no solo escribía, dibujaba, se cepillaba los dientes, se peinaba, sus pies eran más útiles que el conjunto de mis extremidades. Por suerte para mí, José Gabriel también tenía buen sentido del humor. Aunque él dice que el sentido del humor suele acompañar a los desfavorecidos por la vida, según él, es un sistema de auto preservación que le ayuda a superarse en vez de lamentarse. Igual para todos los demás son sorprendentes las cosas que puede hacer con sus pies. Y la verdad es que no supe de su existencia

La errata de los espíritus / The Spirits' errata

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English Desde pequeña mi mamá me instruyó en la mentira, en el engaño. A los 7 años ya sabía cortarles el pescuezo a las palomas y extirparles los ojos a las cabezas para usarlas en los rituales. A los 12 ya estaba bajo la mesa preparando los efectos especiales que mami me mandaba a hacer. Todos venían a visitarla, el nombre de doña Tomé era famoso en el barrio y en todo el pueblo. Hasta de otros pueblos venía gente a buscar la sanación por medio de los espíritus, a ver su futuro en las cartas y a exorcizar sus peores miedos. La casa se pasaba llena, y mami Tomé tenía todo preparado, siempre cobraba antes de empezar y dejaba caer algunas monedas al suelo para que así yo supiera que era momento de encender el cannabis junto con el incienso. A veces, cuando dejaba caer monedas, estás se iban por un agujero que tenía el piso y luego, cuando ya no quedaba nadie, era que yo podía bajar y meterme bajo los pilotes de la casa a buscar las monedas.   En ocasiones bajé antes a buscar las m